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El enigma del calabozo

EL ENIGMA DE LAS DOS PUERTAS.

En un reino fronterizo  con el país de los espejismos, y en una época a caballo entre la eternidad y el olvido, un joven pastor y una bella princesa se enamoraron.

Como era de esperar estos sentimientos no hicieron demasiado feliz a Lucas I; rey y padre. Más bien al contrario, se sentía iracundo ante la idea de un matrimonio que deshonrara con sangre plebeya tan glorioso linaje, y que perjudicase o no ayudase con los acuerdos y tratados internacionales. Pero el Monarca sabía que no podía imponer su voluntad por la fuerza, dado que eso podía afectar las buenas relaciones que mantenía con su amada hija. No le quedó más remedio que calzarse su manto de la paciencia y procurar convencer a su única hija Cibeles de la inconveniencia de elegir como esposo y futuro monarca a un plebeyo; para colmo de los colmos, un pobre e ignorante cuidador de ganado, de nombre Gañando.

Pero no lo consiguió; de nada sirvieron los másteres en negociación, en técnicas de motivación y en resolución de conflictos.

Aunque el Soberano intentó truncar la relación empleando los más diversos ardides, no consiguió vencer la ardorosa pasión que unía a la pareja.

Y como suele ocurrir en estos casos y en estos cuentos, al Rey Lucas no le quedó mas remedio que convocar  a su Consejo de Sabios.

Estos, tras escuchar la exposición de la situación y deliberar unos instantes,  por boca del más anciano de los eruditos le propuso el siguiente laudo:

– Rey Lucas, lo mejor que le puede pasar a esta Nación es que el futuro gobernante llegue al trono por amor y no por ambición o deseo de poder.

 

Hizo una breve pausa, mientras miraba como el soberano entrecejo se fruncía ante las palabras ya pronunciadas y añadió:

– Ahora bien, además de amor, para ser un buen mandatario se requiere lucidez, juicio y entendimiento.

 

Mirando la circunspecta expresión del Rey Lucas sentenció:

– Deberías someter al pastor a una situación que ponga a prueba su inteligencia.

Si la supera y resuelve de forma cabal, bendice su matrimonio con la princesa Cibeles. En caso contrario, deshazte de Gañando para siempre.

 

Estas últimas palabras convencieron al Rey, y accedió a someter al zagal a un trascendental dilema…

Una mañana los soldados detuvieron a Gañando y le dieron a beber una pócima que le dejó profundamente dormido. Cuando despertó estaba en un calabozo, donde solo había dos puertas flanqueadas por sendos guardianes.

Se oyó una voz que dijo:

– Atento muchacho a lo que vas a escuchar, pues no lo pienso repetir y te va la vida en ello.

 

Observa las dos puertas. Ambas se abrirán si las empujas y puedes salir de tu encierro por cualquiera de ellas.

Una lleva a las habitaciones de la princesa Cibeles, a la libertad y a la felicidad. La otra da a un pozo sin fondo y a la muerte segura.

Si  te decides por alguna, tendrás que atravesarla. Los guardianes no permitirán que retrocedas.

 

Para que tu elección no dependa solo de la suerte, se te permite hacer una pregunta.

Una única pregunta, dirigida a un guardián, y solo a uno de ellos, que estará obligado a responder.

Si sabes plantear la cuestión, su respuesta indicará la salida que te conviene.

 

¡Ah, se me olvidaba un detalle!

Un guardián siempre dice la verdad, el otro siempre miente.

 

Tómate el tiempo que necesites para meditar, aunque no deberías tardar demasiado porque no está previsto darte comida o bebida.

 

La voz se despidió con unas profundas carcajadas.

Tras largas horas de meditación, Gañando se dirigió a uno de los guardianes y le formuló una pregunta. Esta fue totalmente certera y la contestación del guardián le permitió descubrir la puerta que le llevaría con su amada.

El Rey, aunque algo a su pesar, cumplió con lo acordado, bendijo la boda entre Gañando y Cibeles, fueron felices y comieron perdices.

Ni que decir tiene que a la muerte de Lucas I, Cibeles y Gañando reinaron con sabiduría y justicia.

La cuestión radica en que no recuerdo la pregunta que formuló el sabio pastor para escapar de su cautiverio y convertirse en el futuro rey.

¿TÚ SERÍAS CAPAZ DE FORMULARLA?

Este enigma de las dos puertas es muy conocido y presenta muchas versiones. Pero a pesar de ello, es posible que tengas que pensar un buen rato para encontrar la pregunta adecuada.

Pista 1: Da igual a que guardián preguntes ambos te darán la misma respuesta.

Pista 2: Con la respuesta a la pregunta no se averigua cual de los guardianes miente y cual no.

Pista 3: En la película “Dentro del laberinto” el desaparecido David Bowie se ha de enfrentar a este dilema.

Espero vuestras preguntas en forma de comentarios a este artículo.

Suerte.

JV.

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One Comment

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  1. ¡Ahhhhh…yaaa!

    yo doy otra pista:
    Si mezclas en un plato un cucharón de comida buena con otro de comida mala, ¿cómo está la comida del plato?

    Ja, ja
    ¡Que bueno!

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